sábado, 8 de febrero de 2014

LA PROFECIA DE ISAIAS






CAPITULO PRIMERO
El Profeta Isaías amenaza a Jerusalem con una espantosa ruina por no haberse convertido al Señor, a pesar de haber sido afligida con toda suerte de males: la advierte que sus fiestas y sus sacrificios son abominables a los ojos de Dios; y que es lo que debe hacer para alcanzar de nuevo su gracia. La anuncia que después del castigo que sufrirá por sus maldades, vendrá día en que recuperara la libertad y será feliz2.






II
Todas las naciones correrán al monte santo de la Casa del Señor: de Sion saldrá la Ley, y ya no la molestaran mas las guerras. La casa de Jacob será desechada a causa de su idolatría, avaricia y otros vicios. Los soberbios serán humillados, y solo el Señor será exaltado.


III
Los Judíos, a causa de sus pecados, serán afligidos de varios modos, reducidos a la desolación, gobernados por muchachos y hombres afeminados. Declama el Profeta contra la iniquidad de los magnates, y contra la soberbia y la lascivia de las hijas de Sion.
IV
Describe el Profeta con varias metáforas la grande disminución que padecerá el pueblo de Israél: vaticina su restablecimiento y el de la Iglesia por el Mesías, quien multiplicará y dará mayor gloria que nunca a los restos de dicho pueblo.


V
Bajo la figura de una viña estéril predice el Profeta la ingratitud del pueblo, y los castigos que le esperan. Humillación de los soberbios, y felicidad de los justos. El Señor levantará las naciones contra los Judíos.



VI
Isaías ve la gloria de Dios, y se condena a si mismo por haber callado. Se le manda anunciar a Israél que Dios le reprobaría por su obstinación, y asolaría todo el país; pero que el verdadero Israél subsistiría en algunos escogidos, que después serian padres de muchas gentes.
VII
Sitiada Jerusalem por los reyes de Syria e Israél, Isaías predice al rey Achaz que no será tomada, y le da por señal que una Virgen pariría un hijo, cuyo nombre seria Emmanuel. Profetiza la ruina total de las diez tribus, y la aflicción y soledad de Judá.


VIII
Manda el Señor a Isaías que confirme con otra señal la próxima destrucción de los reinos de Syria y de Israél. Judá será afligida; pero después será libertada. La exhorta el Profeta a que ponga la confianza en solo Dios, y no en medios ilícitos y profanos.
IX
Profecía del nacimiento del Mesías, y de su reino. Judá será libertada del poder de los reyes de Israél y de Syria; de cuyos reinos, especialmente de Israél, se predicen las discordias y estragos.


X
¡Desdichados aquellos que hacen leyes injustas, y oprimen al pobre, y a la viuda!  Isaías predice la humillación de Sennacherib; y consuela a Israél, y le promete que los restos de este pueblo al fin se convertirán.


XI
Profetiza la venida del Mesías en carne humana, y su exaltación: y la conversión de los Gentiles, y la de los Judíos.


XII
Cántico de alabanza y acción de gracias a Christo vencedor y Salvador.
XIII
Babylonia será arruinada por los Medos.
XIV
Profetiza Isaías la vuelta del pueblo del cautiverio de Babylonia: la ruina de este imperio, la mortandad de los Assyrios, y la derrota de los Philisthéos por Ezechias.


XV
Vaticina Isaías las calamidades que padecerán los Moabitas; de los cuales muestra compadecerse.


XVI
Ruega a Dios que envíe el Cordero dominador de la tierra, esto es, el Mesías. Moab es castigado por su inflexible soberbia.
XVII
Profecía de la ruina de Damasco y de su reino, y asimismo del de las diez tribus: promete Isaías que quedarían algunas reliquias de ellas, que se convertirían después al Señor. Anuncia el estrago que haría el Angel en el ejército de los Assyrios.
XVIII
Profetiza Isaías contra una nación que no nombra.


XIX
Profecía contra el Egypto: del cual, y otros pueblos gentiles anuncia que serán llamados a la salud eterna.


XX
Manda Dios al Profeta que ande desnudo y descalzo, para que anuncie de este modo el cautiverio de los Egypcios y Ethiopes.
XXI
Profecía contra Babylonia, contra la Iduméa y contra la Arabia.
XXII
Profetiza Isaías la destrucción de Jerusalem, condenando la vana confianza que tenían sus moradores. Anuncia a Sobna prefecto del templo, que será privado de su dignidad; y a Eliacim, que será su sucesor.


XXIII
Vaticina Isaías la destrucción de Tyro en castigo de su soberbia; y predice su restauración. 


XXIV
Profecía de los males que enviará Dios a toda la tierra para castigo de los pecados de los hombres: el día del juicio solamente es terrible para los malos.
XXV
Cántico de acción de gracias al Señor por los beneficios hechos a su pueblo.





XXVI
Cántico de acción de gracias por la exaltación de los justos y humillación de los réprobos. De la resurrección de los muertos.


XXVII
Castigo de Leviathan; corrección paternal del Señor para con sus hijos, Desolación de la ciudad fuerte. Vueltos los Israelitas de cautiverio adorarán al Señor en Jerusalem.
XXVIII
Amenazas contra Samaria, y ruina del reino de las diez tribus. Desolación del reino de Judá. Promesa del Mesías, el cual será la piedra angular de la nueva Sion.


XXIX
Vaticina Isaías el sitio y ruina de Jerusalem: la ceguedad de los Judíos; y el restablecimiento o la conversión de las reliquias de Jacob por el Mesías.


XXX
Amenazas contra los Judíos, porque desconfiando del Señor pedían socorro a los Egypcios. Cuán bueno es Dios para los que acuden a él. Cuán terrible es su juicio contra los impíos.


XXXI
Predice que los Judíos que, faltos de confianza en Dios, pedirán auxilio a los Egypcios, perecerán junto con estos; pero que convirtiéndose al Señor serán libertados por el Angel, que matará a los Assyrios.
XXXII
Bajo la figura del piadoso rey Ezechias se vaticina el reino de Jesu-Christo o fundación de la Iglesia. Háblase también de la destrucción de Jerusalem.


XXXIII
Profetiza Isaías la ruina de los Assyrios, y el restablecimiento de Judá. Invectiva contra los hipócritas. Habla de la celestial Jerusalem, donde será alabado eternamente el Señor, nuestro Rey y Legislador.
XXXIV
Dios castigará con rigor las naciones, en particular la Iduméa. Profecía del fin del mundo.


XXXV
Profecía de la asombrosa mudanza que la gracia de Jesu-Christo causará en la tierra: alegría de los Gentiles convertidos a la fe, figura de la que gozarán después en el cielo.
XXXVI
Sennacherib, rey de los Assyrios, después de haberse apoderado de las plazas de Judéa, envió a Rabsaces a Jerusalem, quien pidió con insolencia la rendición de la ciudad.


XXXVII
Ezechias, al oir las amenazas de Rabsaces, consulta a Isaías; el cual le asegura que el Señor salvaría a Jerusalem. Carta insolente de Sennacherib a Ezechias. Isaías confirma la promesa; y el Angel del Señor mata ciento ochenta y cinco mil enemigos.


XXXVIII
Ezechias enferma, y es librado de la muerte: milagrosa retrogradación del sol en el reloj de Achaz: da a Dios las gracias con un cántico.


XXXIX
Habiendo venido unos embajadores del rey de Babylonia a Ezechias, les muestra éste sus tesoros; e Isaías le vaticina que algún día serian presa de los Chaldéos.
XL
Jerusalem será consolada y salvada por el Mesías. Predicación del Bautista su precursor. Necedad de los idolatras. Felicidad de los que esperan en Dios.


XLI
Poder infinito de Dios y su bondad para con los hombres. Redención de Israél: ruina de Babylonia, y vanidad de sus ídolos.


XLII
Caractéres del Libertador de Israél, y felicidad de su reino. Castigo de los idólatras.
XLIII
Promete el Señor su protección a Israél, y se lamenta de la ingratitud de su pueblo. Se vaticina la conversión de los Gentiles; y la reprobación de la Synagoga, y su entrada en la Iglesia al fin de los siglos.


XLIV
Dios consuela a su pueblo, prometiéndole una maravillosa restauración y acrecentamiento. El Señor es el solo Dios verdadero. Vanidad de los ídolos y de los que los fabrican.




XLV
Profecía de la victoria de Cyro. En la libertad que por medio de éste promete el Señor a los Judíos cautivos en Babylonia, hace entrever la de todos los hombres por Jesu-Christo; que es el solo Dios, el Justo, el Salvador nuestro, y la ruina de la idolatría.


XLVI
Predice Dios la ruina de los ídolos; y exhorta a los Israelitas a que se conviertan a él para conseguir la salud por medio de Jesu-Christo.
XLVII
Ruina de Babylonia por causa de su soberbia, y por la crueldad usada con los hijos de Israél, y en fin por tener puesta la confianza en los agoreros, magos, etc.


XLVIII
Echa en cara el Señor a los Judíos su hipocresía e ingratitud: solo Dios ha predicho lo futuro y cumplido las promesas. Promete el perdón a Israél, y le hace ver la felicidad de los que cumplen su santa Ley.
XLIX
El Mesías prometido a los Judíos, y reconocido por ellos, forma su reino compuesto de todas las naciones. Felicidad de los que creen en él. Consuela a Sion abominada de Dios, pronunciando su futura conversión y su gloria.


L
La Synagoga es repudiada por su rebeldía e incredulidad. Jesu-Christo, a quien ella insulta y ultraja, consuela a los fieles; y anuncia a los incrédulos su eterna perdición.


LI
Consuela el Señor a los pocos que han quedado de su pueblo, anunciándoles la restauración de Jerusalem por el Mesías, y la total ruina de sus enemigos.
LII
La redención del género humano esta simbolizada en la Libertad que Dios concedió, por medio de Cyro, al pueblo de Israél cautivo en Babylonia. Jesu-Christo será ensalzado y reconocido como Dios por todas las naciones.


LIII
Profetiza Isaías que muchos no creerán en el Evangelio: predice claramente la pasión y muerte de Jesu-Christo, por nuestros pecados, y su gloriosa exaltación, y la propagación del Evangelio.
LIV
Propagación admirable de la Iglesia por todo el mundo: Jesu-Christo, su espiritual Esposo,la colmará de dones, y vendrá tiempo en que todos sus hijos serán justos, santos, y libres de todas las maquinaciones de sus enemigos.


LV
Convida Jesu-Christo a todos los hombres a la participación de su gracia por medio de la viva fe en él; y asegurándoles la inmutable misericordia de Dios, los llama a la penitencia.
LVI
Exhorta el Señor a todos los hombres al cumplimiento de su Ley; declarando que todos, sin distinción de naciones ni de cualidad de personas, entrarán en su Iglesia, y serán benditos. Amenazas contra los pastores de Jerusalem.




LVII
Amargas quejas del Señor por la insensibilidad de su pueblo, al cual reprende fuertemente y amenaza. Promete paz y consuelo a los que se conviertan, mientras el corazón de los impíos es un mar borrascoso.
LVIII
Cuál es el ayuno que Dios estima. Bendiciones que enviará el Señor sobre los que le sirven, y santifican sus fiestas.


LIX
Declara Isaías que los pecados del pueblo eran la causa de que Dios hubiese desamparado a Israél; pero que vendrá día en que, renovado con él su alianza, destruirá a todos sus enemigos, y se ostentará glorioso haciendo felices a sus hijos arrepentidos.


LX
Triunfo de la Iglesia, en la cual irán entrando muchas naciones. Desterrada la iniquidad, el Señor será su paz, su santificación, y su felicidad eterna.
LXI
Ministerio u oficio del Mesías. Redención del género humano. Conversión de los Gentiles por la predicación de los Apóstoles. Consuelo de los fieles, y gloria de los pastores de la Iglesia.


LXII
Isaías prosigue vaticinando la venida de Jesu-Christo, y la conversión de los Gentiles. Felicidad y gloria de la Iglesia.
LXIII
El Profeta representa a Jesu-Christo con la ropa teñida en sangre, después de vencidos nuestros enemigos. Israél es abandonado de Dios por su ingratitud; pero Isaías implora a favor de él la divina clemencia.


LXIV
El pueblo de Israél clama al Señor para que se digne librarle: confiesa y llora sus pecados, y le pide que le saque de su lastimosa ruina.
LXV
Isaías profetiza la conversión de los Gentiles, y la reprobación de los Judíos, y que las reliquias de estos serán salvadas. Felicidad de la Iglesia de Jesu-Christo.


LXVI
El espíritu contrito y humillado es el templo que el Señor desea para si; y sin ese espíritu desecha los sacrificios legales. Castigo de la obstinación de la Synagoga, y fecundidad de la nueva Iglesia. Los Israelitas según el espíritu, son una nueva estirpe que subsistirá eternamente.