viernes, 23 de enero de 2015

EPISTOLA DE A. SAN PABLO A LOS ROMANOS

CAPITULO PRIMERO
La fe es necesaria para salvarse; porque sin ella nadie se justifica: y de la razón se abusa tanto que los preciados de sabios vienen a ser los mas viciosos.



II
Demúestrase que los Judíos son tanto y mas culpables por sus malas obras que los Gentiles. La verdadera circuncisión es la del espíritu, o la del entendimiento y de la voluntad.
III
En qué tienen la preferencia los Judíos sobre los Gentiles. Unos y otros están sujetos al yugo del pecado. No es la ley, sino la fe en Jesu-Christo la que los libra de él. Pero la fe no destruye la ley, sino que la perfecciona. 


IV
Con el ejemplo de Abraham prueba el Apóstol que Dios justifica al pecador no en fuerza de obras o virtudes humanas, sino de pura gracia por la fe que le infunde.



V
Excelencias de la justificación por la fe de Jesu-Christo, cuya gracia sobreabundante no como quiera quita los males del pecado, sino que nos colma de bienes inmensos.
VI
Cómo deben los fieles perseverar en la gracia una vez recibida en el bautismo, haciendo nueva vida, y entregándose del todo a Dios.




VII
Ventaja grandísima del hombre en el estado de la Ley de gracia, comparado con el que tenía por razón del pecado en la Ley antigua. Combate la carne contra el espíritu.


VIII
Confirma lo dicho el Apóstol mucho mas copiosamente. Felicidad de los justos. Su alegría y esperanza; y cómo de todo sacan provecho, sin que nada los pueda separar del amor de Jesu-Christo.
IX
Que los verdaderos Israelitas, y los hijos verdaderos de Abraham son los que, llamados de Dios gratuita y misericordiosamente, se rinden a la fe de Jesu-Christo.


X
Sin la fe de Jesu-Christo nadie puede salvarse: con ella, y no con las obras de la Ley, se consigue la justificación. Por eso es predicada en todo el mundo. Los Gentiles la abrazan, mientras que los Judíos permanecen en su incredulidad.




XI
Con el escarmiento de los Judíos incrédulos amonesta el Apóstol a los Gentiles que no presuman de sí; y profetiza la general conversión de aquellos.




XII
Da el Apóstol reglas de perfección a los fieles, conforme al estado de cada uno, y a los dones recibidos de Dios con la fe de Jesu-Christo; y dice que, siendo todos miembros de un mismo cuerpo, todos debemos trabajar en favor de toda la Iglesia, y amarnos mutuamente.
XIII
Recomienda la sujeción a los superiores, y a las potestades civiles. El amor del prójimo es el compendio de la Ley. Imitación de Jesu-Christo.


XIV
Los fuertes en la fe deben soportar a los flacos, y unos y otros se deben edificar mutuamente, evitando el escandalizarse, y considerando que Dios es el juez de todos.
XV
Concluye San Pablo su exhortación con muestras de grande aprecio y afecto a los Romanos, y del vehemente deseo que tiene de ir a verlos de camino para España.




XVI
Encomiendas y memorias, y último aviso de San Pablo a los fieles residentes en Roma.